miércoles, 26 de junio de 2013

DEDOS TORPES Y CHAO NUMERO MIL.

Caminar con los intestinos, vendarse los ojos, caminar. Partir aburrida, holgada, existencial. Irse como se van los peregrinos y llegar a tierras desconocidas, tierras a las que sé llegaré sana y salva, pero aquí todo el pueblo sabe que no quiero dejar a mi patria. Ya de nada me sirve ser vernácula, para qué sirve profesar los colores de una tierra que tiene flores venenosas. No, amor, no, tus flores no son el problema, tus flores alimentan al pueblo, el problema es mi alergia.
Irse como en las procesiones. Esa gente carga cosas, yo llevaré media tonelada de recuerdos, y en la madrugada se iran a mojar, para que me pesen, para que me duela cuando les lloro. No sé qué será de mi patria sin mí, finalmente son cosas que pasan, tan ineluctable como la fuerza gravitacional en los cuerpos. Tan ineluctable como mi amor desmesurado por sus flores. Estaré pululando por ahí, viendo como el sol se acuesta en el mar, llorando sobre el recuerdo mojado porque no sabrè como quitarme la piel que te aclama en ventoleras puras. Intento prolongar, estirar como chicle al tiempo... Laaaaargo, no-te-va-yas-por-fa-vor. Intento aprovechar la conyutura, escuchar un "jueputa" morder las sedas bajo tu nariz. Intento, intento, como el cigarrillo, preciosa, es como el cigarrillo, muere por ti y tu mueres por él. Por mi parte sigo diciendo que el amor tendrá destrucción en su màs esencial forma, y me invento argumentos absurdos para no partir con úlceras en la epidermis. Irse como Pizarnik, me cuesta tanto. Me aburro. Te recomiendo consumir mi ultima fuerza, porque las peores decisiones a corto plazo son las inteligentes. (Es que me dolerá dejarte) Porque me odio tanto que debo amarme para que no se sienta, porque soy alérgica, no lo controlo, nunca me acostumbré, en realidad, a que los extranjeros disfrutaran del aroma psicotropico de las florecitas de mi patria.
Como en todos los textos firmo, con caos, con amor, amor. Disculpa que no eduque mi mano para la poesía que mereces. Hoy ni la redacción me amarra los pulgares torpes.

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