Amor mío, nunca comprendí la reglamentación necesaria y estúpida de las cartas y poemas, amor mío, vengo a escribirte en aras de enaltecer mis pobres versos tan expósitos de talento como un ruiseñor ronco.
Para el amor de mi vida:
Mira, amada,
Si carecen de vehemencia
Mis palabras,
Será porque desacredito y manumito a la redundancia.
Amor mío,
Mi alma se ensucia,
Tú me la lavas,
Amor,
De punta pies ingrávida
Queda mi alma.
En los nogales acuesto al beso que te empaña los cristales,
El que ha escrito recuerdos,
El que aborrece ver bajar de tu mirada
bandoleros incesantes,
El beso que con un almendro,
Ha esculpido una flautita
Para que la sople la ventolera.
Amor,
Compraré una chavava para apalear
Al tiempo que siempre deseó escapar,
De nuestros gemidos dilatados,
No,
Estoy mintiendo, mejor
Resguárdate en mis desnudos monumentos,
que son los altares en los que acribillaré
por siempre a estos putos cielos del tiempo.
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