miércoles, 26 de junio de 2013

TE ESCRIBO, PERO NO TE PARTO NI TE APLASTO.

Amor mío, no conozco sentimiento aún más delicioso que el de atarme a tu sudor. Inasible cadena, cómo me desnudas los solares, amor, y acribillas la luz para que disfrute de tu calma en sombra. Apiadate de mi andar enajenado, me regodeo como lo hace el cerdo en en lodo, ¡y me perdonas el simil! Pero mantengo alejada la maldita programación literaria. No sé porqué será, que cuando observo la lontananza el espesor de mi alma se encoge, no sólo hasta quedar vacìa, sino también seca. El consuelo, paliativo universal para mi sequedad: tú. Quizá porque me das polvito de luna, calorcito de sol, frescura de agua y locura de tus labios. Es curioso cómo no puedo organizarme: te escribo, pero no te parto ni te aplasto. Siempre lo he dicho, intento atravesarte, mezclarme contigo, porque no soporto la idea de que tu cuerpo sea impenetrable, que se reduzca a los limites biológicos, que me deje fuera de tu llama, de tu belleza y juventud.Afortunadamente tengo navíos en cada brazo, prometo que cuando la coyuntura arrastre mi barco hacia tu mar bravío, navegaré con encomiable esperanza, de encontrar el portal, el que colgare mi traje de navío y entraré al paraíso de tu alma. ¡Te amo Marcela! Y la genuflexión debo hacerla yo!!! Tú eres la única capaz de curar heridas con sólo un lengüetazo, y matas quimeras sin proferir ni un misero sonido. Perdona mis palabras holgadas, quizás sólo se expanden a la anchura de mi alma para que entres en ellas y así poder abrigarte y protegerte. Que no pueda tocarte ni la rapidez del viento arrabalero, ni las freáticas lágrimas que no alcanzas a ver en mi rostro. Ni el légamo impermeable, ni las arenas hirviendo ni nada nada. Perdóname el sofoco. El afán y mis lerdas letras. Sólo necesitaba decírtelo.

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